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domingo, 20 de noviembre de 2011

Adminístrame una Sinfonía

Alexander Martínez-Freer

Beethoven, uno de los compositores musicales más grandiosos de todos los tiempos, compuso la mayor parte de sus obras en un proceso gradual de sordera hasta la sordera absoluta.

Pablo conocía bien esta historia. Cuántas veces había tenido que leer sobre músicos como Beethoven, Mozart, Brahms… Su fascinación sin embargo, era Beethoven…

Mientras finalizaba sus estudios de Licenciatura en Música, Pablo no podía dejar de esperar por el día en que él fuera reconocido –al menos la mitad- por sus aportes a la música, como lo fueron estos grandes genios.

Qué importa ser tímido o “introspectivo” como alguien había llegado a llamarle. La música lo era todo para él y llegaría a hacer de la música, su único estilo de vida.

Una vez graduado, Pablo logró conseguir una oportunidad de oro al ingresar a la Orquesta Sinfónica de su país vecino. Su sueño, cada vez más cerca.

Pablo tuvo sin embargo que empezar a aprender algunas duras lecciones que le dieron un brusco despertar de su sueño musical. Esto no es como lo había imaginado, pensaba Pablo.

Los compañeros de Pablo, músicos reconocidos con años de experiencia, querían mucho a Pablo porque era un “muchacho bueno”, como algún profesor comentara alguna vez.

“No basta con todo tu conocimiento musical y tus interminables horas de lecciones aprendidas”, le decía su jefe de sección mientras pedía más esfuerzo y concentración a Pablo.

“Tienes que entender Pablo, que todos te apreciamos, pero que la Orquesta a la hora de ponerse bajo la dirección del Maestro Conductor, se vuelve como una única persona, coordinada, respirando a la misma vez, integrada, sintiendo y transmitiendo una sola emoción. Somos un equipo y el principio del equipo, es la unidad”, terminaba exhortándole su jefe y amigo.

Pablo sentía dolor al escuchar aquellas palabras, porque él compartía la misma motivación, el mismo sueño que movía los engranajes de aquella Orquesta Sinfónica, o equipo como la llamaba su jefe de sección. “El sueño de uds, es mi sueño”, respondía Pablo con mirada meditabunda. Sin embargo en su interior, Pablo se sentía confrontado al tener que aceptar que a veces no trabajaba en equipo.

Las semanas pasaban y la tensión incrementaba para Pablo. Todos sus compañeros de Orquesta le veían más preocupado y hasta hubo quien, durante importantes conciertos, estaba al pendiente para detectar el siguiente error de Pablo.

Llegó un día que Pablo tuvo que confrontar un dolor profundo. Luego de haber sido seleccionado para participar de un grupo de cámara pequeño –una de sus tan ansiadas fantasías-, Pablo empezó a sufrir la consecuencia de no haber seguido los consejos de sus compañeros, maestros y jefes.

Participando de un grupo más pequeño, resultaba obvia la actitud individualista de Pablo que lo llevaba a ser absorto en su mundo y el repertorio del grupo de cámara, requería de un verdadero trabajo en equipo. “Coordinación es una de las claves para tener en éxito en este equipo”, le repetía su jefe de grupo de cámara. “Tienes que respetar el esfuerzo y el trabajo de los otros como el tuyo propio”, le sugería otro compañero. Pablo parecía no aprender la lección.

Finalmente en la presentación más importante, Pablo no pudo más con el estrés y fueron tantos y tan obvios sus errores, que ello le costó su expulsión de aquel grupo de cámara, que le había llevado tan cerca de su sueño.

Hoy, cuando Pablo asiste como espectador a ver sus compañeros de grupo de cámara, recuerda en su corazón lecciones valiosas que sabe le ayudarán a estar sobre el escenario en próximas ocasiones: “el esfuerzo del equipo, está por encima del esfuerzo individual”; “aunque tus sueños o tus metas sean las mismas que las del colectivo, si luchas a favor de sólo tus metas, el equipo no triunfará”; “la motivación del equipo, es el fuego que alimenta el sueño individual”.

Cuando vuelve a los ensayos de la Orquesta Sinfónica, Pablo recuerda una y otra vez estas lecciones y recuerda también como –a pesar de la gran admiración que le tiene- Beethoven fue siempre un músico solo, con éxito, pero que desconocía las reglas del trabajo en equipo.

Pensando en ello Pablo desdibuja una sonrisa irónica mientras piensa: “Beethoven, adminístrame una sinfonía, pero con un gran equipo que la haga sonar aún mejor…”

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