Tengo que reconocer que nunca me ha gustado sentir que no ando pulcro o que proyecto una imagen desaliñada que no hable bien de mí. Creo que a todos nos sucede en mayor o menor medida...
Una cosa es ser un adulto pulcro y otra cosa es ser un adulto pulcro con hijos mas si uno tiene los hijos pequeños... En mi caso mi hija, Sarah, para ser más específico, con 20 meses.
Por la Gracia de Dios este Bello Angel nos llegó para iluminar nuestras vidas y nuestros días y aún cuando comienza a decir sus primeras palabras, ella sabe cómo alegrarnos el día cuando desde su cuarto, al despertar, nos saluda con un particular "hollaaa", santo y seña que nos derrite el corazón y que nos alerta que sus horas de descanso finalmente, se han terminado.
Empieza así el ir y venir del día, preparando desayuno, buscando el canal para bebés que gusta a Sarah, que ir a bañarse y buscar la ropa para ir a trabajar. En mayor o menor grado, creo que nos sucede a todos los que tenemos una cita cotidiana con nuestras labores.
Lo que yo no esperaba, sin embargo, es que con los pequeños pasos de mi Princesa, comenzara también una hermosa tradición que hace que cada día me vaya a trabajar con una gran sonrisa que me dura buena parte del día y es que al decir ya papá se va a trabajar, Sarah deja lo que está haciendo, se levanta, con sus pequeños pasos corre hacia mis piernas, mis pantalones, más específicamente y con un sonoro beso, se despide, terminando su ritual con un "AMÉ" que en su pequeño lenguaje significa "que Dios te acompañe, que Dios te Bendiga, Amén". La ternura de este instante la primera vez, intempestivamente terminó cuando al darme cuenta, sus labios estaban graciosamente pintados en mi pantalón claro... Como adulto pulcro, lo primero que pensé fue, ahora tengo que irme a cambiar y ya estoy tarde... Como adulto pulcro con hijos, sin embargo, un sentimiento paternal me embargó y en mi interior el sentimiento, convertido ahora en pensamiento positivo, me habló y me dijo: "solo una vez en la vida la vas a tener pequeña haciendo esas cosas tan bellas..."
Desde ese día, no puedo esperar para que sus pequeños pasos aceleradamente la lleven a mis pantalones a estampar sus labios con el sabor del día mientras de sus labiecitos escapa un AMÉ que me Bendice más que la vida misma...
Desde ese día, aunque nadie ha preguntado, secretamente espero la pregunta: ¿Pantalones Sucios? que tendrá como respuesta: No, Besos de Princesa...
Preciosa entrada! un beso para la princesa!
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